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Cuento. El planeta de Gilberto

Era una noche lluviosa y fría de enero cuando Gilberto mira atentamente hacia el patio iluminado por un foco junto a su parcela pelona y sedienta. Lleno de pensamientos preocupantes, ve como se moja de las escasas gotas que caen aquella noche. Son varios años ya que la lluvia se ausenta tanto y que se ha limitado a penas mojar el suelo en unas pocas ocasiones, con tan poca agua que en otros tiempos se hubiera considerado apenas un rocío, pero los tiempos ya no son los mismos y Gilberto anhela aquellos tiempos de lluvias intensas y lluvias que se quedaban por semanas, no acepta que se hayan ido para siempre. La tragedia de Gilberto y de la humanidad se gestó en una familia de unos pocos ambiciosos hombres ricos que llevados por la avaricia depredaron los recursos del suelo del planeta Tierra, cuando conseguir más riqueza se convirtió en una insaciable meta que alcanzar, esos egoístas escondieron su rapiña en la palabra "progreso" y se llamaron a sí mismos "genios", "revolucionadores" e "innovadores" para que los dejaran cavar y extirpar del corazón del planeta oro, plata, cobre, plomo, carbón, petróleo, litio y todo aquello con lo que pusieran comerciar, se apropiaron de todo lo que pudo ser el hogar para personas, plantas y animales. Esos hombres engañaron a millones y millones de personas haciéndoles creer que estaban trabajando para ellos, cuando todo siempre fue pura ambición despedida.

Los orgullosos destructores del planeta se acuñaron nombres de fama internacional desde Rockefeller, Exxon, Dupont, Ford, Boeing, Coca-Cola, Pepsi, Kraft, Monsanto, Bayern, Tesla, Amazón, Walmart, Pfizer, KFC, Nestlé, Apple, Microsoft, Intel, TSMC, Samsung, Toyota, VW, Mercedes, Nvidia, Roche, Novartis, JP Morgan, Johnson & Johnson, Protec & Gamble, Nike, Chevron, Merck, Mcdonals, Río Tinto, Siemens, Linde, hasta otros nombres más en los que se escondieron los mismos y unos pocos más.

Por puro amor a las riquezas no se preocuparon por contaminar con cuánto desecho químico quisieron. Crearon cada segundo, millones de botellas contaminantes de plástico que contaminaron tierra y mar, llevaron su basura a lo más profundo y lejano de los océanos, enfermando a cada ser vivo con sus microplásticos, no les importó incluso la salud de las personas porque cada persona enferma les genera a ellos ganancia en sus negocios de "Salud".

Gilberto fue testigo también de como arrancaron los bosques y selvas, para la siembra de granos de soya y maíz, para alimentar con ellos a cerdos, vacas y aves y nunca dejaron que la gente supiera que al comer aquellas hamburguesas, aquellos pollos y toda esa carne que a diario se comían, se estaba terminando con millones de árboles y plantas que darían el aire limpio que se necesita para vivir y que aquellos animales criados en granjas masivas enviaban tantos contaminantes como las otras industrias. Se destruyeron muchas selvas e innumerables bosques para venderles pedazos de carne a la gente y dentro de esa carne enviaron residuos de químicos de los medicamentos que aplicaron a aquellos pobres animales, pero todo era parte del círculo de su negoció, hacer riqueza sin importar la destrucción del planeta, sin importar el daño a la salud de las personas a fin de cuentas si se enferman también se genera riquezas para sus farmacéuticas.

A esos ambiciosos ricos no les importó la salud de las personas ya que con los enfermos se hace mucha riqueza también, no les importó la salud del planeta porque sabían que no vivirían hasta cuándo el daño les cobrará la factura. Hubo hasta quien vendió la promesa se vivir en otro planeta, para que conservaran "sus" vidas y llevarse su riqueza, Que tontos son los "genios".

Una pregunta se repetía en la cabeza de Gilberto y siempre terminaba con la misma respuesta, él se preguntaba ¿Porque no cuidaron este planeta? No fue por ignorancia, Gilberto sabe y está seguro que fue solo por ambición desmedida.

Gilberto intenta cuidar el planeta, planta árboles y los cuida, no come más carne, pero el solo, en su pequeña parcela no ha hecho ni hará la diferencia. Cada vez que puede Gilberto se consuela leyendo en su hojeada Biblia la animadora promesa de que hay un tiempo fijado para destruir a aquellos que están destruyendo a la tierra.

Gilberto, sigue mirando cada día hacia un cielo grisáceo y sigue esperando a que llueva, tiene la esperanza irreal de que si llegara a llover que no fuera lluvia toxica.

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